
Sea con graffitis, stickers o stencils, cada vez son más los jóvenes platenses que se vuelcan al arte callejero para plasmar sobre un muro su ideología o apenas una idea única y fugaz.
Muros, paredes o tapiales. Cualquiera de esos espacios puede ser el lugar ideal para un sinfín de pintadas que pueden ser ilegales pero que, en muchos casos, también son verdaderas obras de arte. El "street art" o arte de la calle, o simplemente graffiti o stencil -según cómo se aplique_, no es más que una serie de intervenciones pintadas sobre muros públicos que irrumpen en el espacio de la ciudad con una ideología que muchas veces ronda el humor, la ironía o la denuncia.
"Es una forma de ver e interpretar el mundo", define Matías Salguero, un grafitero de 24 años que, bajo el seudónimo callejero de "Saw", está por estos días terminando su licenciatura en Artes Plásticas en la facultad de Bellas Artes de la UNLP. Su primer graffiti lo diseñó a fines de 2004 en la esquina de diagonal 79 y 119. Era una palabra que el tiempo y los afiches políticos se encargaron de borrar, pero fue el comienzo para una pasión que no descansa casi nunca.
"Todo el tiempo estás mirando paredes en blanco para hacer algo -confiesa-. Yo dibujo desde que tengo uso de razón. Al principio empecé dibujando palabras pero luego cambié el estilo haciendo letras más pictóricas. Siempre trabajo con aerosol y pido permiso al dueño para hacer el graffiti. Aunque claro, a veces no todos los vecinos están enterados que uno pidió autorización y terminan llamando a la policía para que deje de pintar".
En un principio, cuenta el propio Matías, el graffiti surgió a mediados de los sesenta en Nueva York como una forma de protesta social o comunitaria y acaso como canal visible de la rebeldía juvenil de aquellos años. Hoy la cosa cambió. Estos murales, graffitis, tags o stencils que están apareciendo en las calles platenses responden a otras necesidades, no ya de reclamo, sino sobre todo de expresión personal o grupal.
Incluso no sólo las paredes son el espacio elegido por estos artistas urbanos para plasmar su obra. Muchas veces utilizan vagones viejos o inutilizados, algo que de alguna manera responde también a la influencia norteamericana, donde en los 60 y 70 ciertos guetos y ciudadanos marginales se reunían en los terrenos aledaños a las estaciones de subtes y trenes de ciudades como Chicago o Nueva York para hacer sus pintadas.
"En nuestra cultura se avanzó mucho sobre el arte callejero pero todavía falta mucho desarrollo -reconoce Matías-. Todavía no estamos a la altura de ciudades como Nueva York o Madrid, donde al arte urbano se le da una importancia mucho mayor".
En el universo de las pintadas hay para todos los gustos. Se puede ver a la cara de Carlos Gardel y la leyenda "No me lloren, crezcan", la cara del gatito de Hello Kitty con el saludo "Hello Kirchner" o la cara del presidente George Bush con orejas de Mickey Mouse y la inscripción "Disney War". También una leyenda que durante muchos años decoró la pared de 9 entre 47 y 48 pero que ya el tiempo la borró. La frase era corta pero repleta de ironía y lucidez. Simplemente decía: "No ubo error".
